Sinfonía de la patria, de Enrique Zattara

“La historia, pienso, no ha sido más que una sucesión cruel de asesinatos”, dice Inés, protagonista y narradora en primera persona de una de las tramas individuales que arman Sinfonía de la patria. “Y siempre, o casi siempre, con la Patria por delante”. Es lo que hizo la civilización occidental cristiana, y también los revolucionarios de todas las épocas, asesinar en nombre de la Patria, dice ella cuando debe por fin volver la vista atrás y comprender su peregrinaje de montonera a vagabunda en el largo periplo de la sobrevivencia en ciudades del Viejo Continente: Estocolmo, Roma, Barcelona, Londres, y finalmente un pueblito perdido de Francia.

Novedosa en formas y estructura, Enrique Zattara construye, gracias y pese a la ficción, una gran novela de la Patria, de Argentina, de una época y un continente, una novela que urde los destinos de sus personajes maltratados por el peso de la historia.

A diferencia de tantos libros que retratan la barbarie de gobiernos golpistas o las torturas militares latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX, Inés y Alberto, dos jóvenes que la sufrieron en carme propia, eligen contar los períodos previo y posterior a la más feroz de las que hayan ocurrido en la Argentina: la de Videla. Ella debe salir a principios de los setenta rumbo a Europa tratando de salvar la vida. Alberto, narrado desde la voz omnisciente, lo hace años más tarde, cuando el agobio del país y de su propia vida insatisfecha lo expulsan de la Argentina. Estamos en presencia de una Patria que expulsa a sus hijos del hogar, por una u otras razones, una Patria en la que las ilusiones de justicia y verdad, de vida y futuro, son regidas por la histórica frase heredada de la revolución cubana: ¡Patria o Muerte!, que vemos en la imagen de la portada.

La disertación sobre el lugar en el que nacimos y al que creemos pertenecer atraviesa la novela de principio a fin. En la primera parte de esta sinfonía sostenida hasta quebrarte el aliento (“PRIMER MOVIMIENTO, Andante cantabile”) surgen preguntas que al instante se vuelven elementales y que identifican a los lectores con sus personajes: ¿es la Patria esa memoria? ¿es la Patria algo que construimos? ¿estaba agotada la Patria? La obra nos lleva por los intríngulis de una palabra equívoca que parece sagrada: la conciencia, las clases sociales, los nacionalismos, la ideología, la guerra, la guerra de la sobrevivencia, la justicia, la verdad, la identidad.

Viviremos sucesos mundiales como la declaración de la OMS en 1990 de que la homosexualidad ha dejado de ser una enfermedad. El comienzo de otras letanías: la gran era del sida y sus muertes, otra guerra que convive con las llamadas democracias latinoamericanas. Ha caído el Muro de Berlín, marcando el fin de la Guerra Fría y el inicio de un nuevo mundo: se unifican las dos Alemanias, se desmonta el monstruo soviético, cae Pinochet, Mandela es liberado después de veintisiete años de cárcel. ¿Y qué cambia para Inés y Alberto, presos de sus destinos emigrantes?

En la segunda parte de la sinfonía de Zattara (“SEGUNDO MOVIMIENTO, Allegro Man Non Troppo”) Alberto e Inés, cuatro décadas después, se encuentran en un pueblito español del Mediterráneo con la justificación de reconstruir juntos los vacíos de la memoria, a través de fotos y archivos. La excusa es literaria, él quiere escribir un libro que involucra incluso los recuerdos perdidos. En la prolongada conversación de sus protagonistas Zattara revuelve la historia de Argentina, y los papeles sociales que cada uno asumió en las tenebrosas décadas de dictaduras y fantasías políticas. Disertan sobre literatura, la escritura, el papel que ésta tiene en la historia y la posteridad. Alberto está lleno de teorías sobre las posibilidades del libro que desea escribir. Para Inés, en cambio, todo parece ser cuestión de encontrar algo con qué pasar el tiempo, por ejemplo, tocar el piano. La imagen me trasladó a la frase del novelista cubano Eliseo Alberto Diego, exiliado en México y enfermo de nostalgia por la Patria: “Cuba es un piano que alguien toca detrás del horizonte”.

Para este momento uno tiene la sensación de estar leyendo una verdadera novela sobre el recuerdo, y escondida entre sus páginas, la nostalgia de un tiempo, un lugar, los ideales, la inevitable nostalgia de quien ha sido despojado de su Patria.

La parte final (“TERCER MOVIMIENTO, Jazz & Pop) se las dejo en el misterio a sus lectores. Un texto que no concluye nada, al contrario, fragmentario y abierto, reúne a escritores con pasajes de la historia e ideas de su narrador, para complementar lo que pudo quedar por decirse, que ha de armarse en la cabeza de cada uno de sus lectores tamizado por sus propias experiencias y conciencia. ¿Es la obra que Alberto quiere escribir o la que Enrique quiere que escribanos nosotros en el ocaso de esta sinfonía? Cómo saberlo. Ahí radica su magia y su grandeza.

0 Comentarios
Retroalimentación en línea
Ver todos los comentarios