Anatomía de un sueño: génesis de “El oficio de los sueños”

Sueños y literatura tienen mucho en común. “La vida es sueño”, sentenció Calderón de la Barca hace casi cuatro siglos; Jorge Luis Borges se refiere a Don Quijote como un sueño de Cervantes: dos ejemplos de esa unión entre lo onírico y las letras. Soñar y escribir son expresiones de la imaginación, de creación: construimos mundos con vida propia, laten a un ritmo distinto al de nuestro corazón aunque se alimentaran de él en principio. Los sueños también abren puertas al pasado, a otras realidades, a anhelos ocultos.

Comencé a soñar El oficio de los sueños hace muchos años, cuando, aún estudiante, leía los cuentos de José Emilio Pacheco, Borges y otros grandes autores. Entonces quise, a mi modesta manera, crear mundos e historias como ellos. Escogí el género del cuento para escribir, quizá, porque es breve como un sueño, porque puede resultar impactante por las sensaciones que transmite y su final, cuya impresión a veces perdura a lo largo del día y los años, en especial las pesadillas. También porque lo onírico nos brinda la posibilidad de lo fantástico, abordar lo cotidiano desde una perspectiva que en la vigilia parecería irreal o inverosímil. Sin embargo, dicha irrealidad no significa que la idea expresada en un relato carezca de verdad. Temas tan universales como la muerte, Dios, el amor y la familia pueden plantearse desde la fantasía sin que pierdan peso. Son presentados al lector con una envoltura en ocasiones desconcertante, otras, divertida, a veces sentimental, pero en el centro guardan una idea o emoción con la cual se identificará, no quedará indiferente.

Aquí, un análisis anatómico de los catorce sueños de El oficio…, algunos de ellos sueños reales que continuaron creciendo en la vigilia; otros, sueños de ojos abiertos.

El relato que abre el libro, “Consuelos secretos”, es una teoría personal sobre cómo sería posible prolongar la vida después de la muerte a través del sueño. El título viene de una frase de Borges en su ensayo “Nueva refutación del tiempo”.

Hay dos cuentos que abordan el maravilloso y complejo oficio de la escritura: “8” y “La inspiración y yo”. Cada uno muestra de distinta forma la búsqueda de los autores por plasmar su arte del mejor modo posible aunque con diversos resultados. “Anosmia” habla de los prejuicios que impiden descubrir una belleza oculta revelada de pronto. “Cómo sobrevivir a los funerales” es la crónica de un hecho real con un toque de ironía.

“Ojos verdes como mares” y “1912-1999” narran dos historias de juventud expuestas, la primera, desde un punto de vista realista y otro fantástico, la segunda, pero ambas basadas en anécdotas personales. Los animales también están presentes en “Mascotas”, inspirado en ciertos “perros” muy de moda en los años setenta; “Tigres azules”, donde hablo de mi infancia y faceta como padre, además de que lleva el mismo título que un relato de Borges, aunque de temática totalmente distinta, y “El Dios de las Hormigas”, un homenaje a José Emilio Pacheco y su cuento “Jericó”.

“Dos de nosotros” combina varios elementos: la canción “La novia de mi mejor amigo”, el triángulo amoroso entre George Harrison, Pattie Boyd y Eric Clapton y un pasaje del Infierno de Dante con un toque onírico. El título alude a la canción “Two of us”, de los Beatles.

“Gioconda XXI” resulta la crónica de un amor poco menos que imposible e ilustra el deterioro de las relaciones. De este cuento tomé la frase que da título a El oficio de los sueños, una defensa del arte por el arte ante quienes opinan que la literatura solo debe tocar temas “actuales”, “importantes” o que el género fantástico es incapaz de abordarlos.

Finalmente, “Angie” y “Cine Bravo” llevan dedicatoria: el primero, a la memoria de mi padre; el segundo, a la de mi hermano mayor. Ambos relatos nacieron de sueños, literal y metafóricamente, que ellos tuvieron y yo puse por escrito.

Por El oficio de los sueños transitan, entre otras, las sombras tutelares de mis maestros Borges y Pacheco, uno argentino y otro mexicano. Los llamo mis maestros porque son dos de las figuras literarias más importantes e inspiradoras para mi escritura, aquellos cuya obra alentó mi deseo de emularlos. Intenté que las historias de este libro no estuvieran limitadas por las barreras del tiempo y el espacio donde fueron concebidas, que cualquier lector de cualquier época y lugar pueda reflejarse de alguna manera en ellas, conmoverse, reflexionar. También trato de desconcertarlo, confundirlo con distintos planos de la realidad para que él decida con cuál quedarse. Solo el tiempo dirá si conseguí el objetivo.

Ahora es momento para mí de soltar estas historias para que recorran por sí mismas la imaginación de los lectores, para que se conviertan en sueños soñados por otros.

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