Cuento sin título de Agnès, o de Teddy, o del sonido…

POUF!

La mariposa salió, impregnando toda su nariz de polvo.

 ¡ATCHOUM!

El estornudo no se hizo esperar. Teddy se quedó pensativo un momento, dio un golpe seco a la piedra, y resonó como latido.

La chispa brilló en sus ojos y saltó volando de rincón en rincón, golpeándolo todo.

Corría y corría, como loco, y su propio corazón retumbaba como redoble. ¡¡¡MAGIA!!! ¡Las cosas suenan! ¡El mundo es sonido!  Se quedó detenido por un momento, escuchando cómo el viento se colaba por la rendija: Teddy… Teddy…, decía el viento.

Estaba decidido, quería poseer el sonido. Aplastó su oreja con fuerza contra el muro.  No escuchó nada. La duda se apoderó de él. El muro solo no sonaba, había que combinarlo con algo. Cogió una goma de borrar y golpeó un poco el muro, con una tiza pasaba sobre el muro, esparciendo el color. Sonaba así: Pom Pom triiiiii, pom triiiiiiii, pom pom triiiiii.

Estaba el sonido contenido en el golpe.

¿Acaso fue la mano quien le enseñó al muro a estar en silencio?

¿Era una cuestión de fuerza?

¿De agilidad?

¿Cómo se decía en esas ocasiones? Ah sí, ya sé. Tantas preguntas en una mente tan pequeña, o tantas preguntas, pero muy pocas respuestas…

Teddy no sabía qué decidir. Se acercó poco a poco a  la habitación de su padre; como siempre, reinaba un legendario silencio, tal y como en el muro.

Se fue, alejándose, sin preguntar, tenía mucho miedo. La idea del viento pasando la rendija seguía perenne en su cabeza.

Cada hora de soledad, cada minuto vacío, cada puerta cerrada, cada silencio, cada ausencia… de más en más silencio, insoportable para Teddy. ¡Tenía que haber una forma de evadirlo!

Teddy planeó su escape, su propia máquina de sonido; las ideas se le mezclaban.

 Con agilidad y sigilo bajó despacio hacia el sótano, donde, entre trastos viejos y

escombros por aquí y por allá, encontró una vieja cerradura llena de óxido en toda su

superficie, que tenía una rendija redonda y perfecta por donde podía pasar el viento.

Se apresuró a llegar a su habitación, abrió la ventana con rudeza y alzó la cerradura al

aire, y, como magia matutina, el viento empezó a cantar una linda canción a través de

esa rendija.

iÉL NUNCA MÁS SE SENTIRÍA SOLO!

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Guest
Giselle
March 8, 2022 9:56 pm

Precioso cuento! Sigue escribiendo y haciendo volar tu imaginación.