ALGO DE HISTORIA NO VENDRÍA MAL… (Continuará)

DEL CAPÍTULO 14 DE PARA LEER DEBAJO DE UN SICOMORO

Observando los días remotos en que concibió sus primeros poemas, parejos a los actuales, sus ensayos, de similares plenitudes a los de hoy, así como sus novelas, elaboradas en dos tiempos semejantes, parece como si usted hubiese preconcebido en una hora su obra y a continuación sentado lentamente a escribirla.

Podría alegar, para no responder, el hecho de que las intimidades prenatales son pompas biológicas sin memoria. Nacer y renacer es una aventura doblemente complicada por la esoteria. Con precocidad amniótica yo supe que debía escribir y luego me asignaron con cierta oficialidad materna esa misión. Era código genético y luego familiar, hecho acaecido este último entre sillones y sofás y recalcado tiernamente durante los almuerzos. Así que la ventaja de salir con los disparos, me permitió adelantar en la carrera. Cuando razoné, a mucho menos de la mitad del siglo, que si eran m s de las 9 de la mañana en mi reloj, lo era en otro sinnúmero de relojes y con igual precisión de ese día en lo adelante, recorrí un trecho en la comprensión de los horarios. Algo de historia no vendría mal, pero no es la ocasión. Alguien recientemente, tratando de caracterizarme, dijo que yo, Lezama, vine con la poesía, vi con el ensayo y vencí con la novela. A grandes rasgos, un día me senté: dibujé con signos cirílicos una apretada síntesis de escaramuzas y calculé en base a un calendario multiplicado por clepsidras y cronómetros. También mandé a encolar los sillones y puse agua a hervir en la hornilla.

No aspiro a una conclusión de mi persona confeccionada a mano. Ya de por sí resultan impracticables e imposibles las conclusiones, porque la última palabra es siempre una deflagración carente de sinceridad futura. Admitamos el lugar preferente de las inconclusiones.

Para usted la poética es previa al poema. El sistema, la génesis de cualquier valor literario creado o increado. ¿Qué lo indujo a esa concepción de que conceptualizar es primordial y antecede a la pagina escrita?

Si usted fabrica marcos de madera, no debe preocuparse. Pero si resulta el afortunado pintor, mucho antes de buscar clavos y listonería de madera por el patio, debe detenerse a mirar la luz. Recuerde que la luz que usted ve no es luz porque usted la vea. Si está parado en ese punto cero luminoso, debe comenzar un conteo regresivo, recular por el muro y poner un agua de infusiones a la candela. Lo demás bulle como si se dijera: es coser y cantar. Aunque siempre más cantar que coser.

Usted posee no menos que la certidumbre de que su producción literaria está entre las más sugerentes y hondas de Cuba e Hispanoamérica, sin descartar al mundo. Pero permanece atado a esta salita pequeña y penumbrosa y a la humedad que transpira su hogar. ¿Por qué?

No descarte usted tampoco que el tiempo diga otra cosa. Pero siendo así como dice, esta sala y esta penumbra fueron las cobijas de mis páginas. ¿Tendrá algún valor museable desde ya esta casa de Trocadero 162? Si se cumple que lo sea, yo habré tenido el privilegio de escribir en mi propia casa y en el museo que me legarán la nación y los compatriotas. Es como vivir en una catedral del futuro y que de alguna manera se lo avisen a uno a través de la prensa.

Facilidad para conceptualizar, erudición, ingenio, frecuencia para producir imágenes y revelar resquicios del lenguaje, son atributos de su intelecto que usted aprecia y por los cuales da gracias. ¿Cierto?

Es el antiguo conflicto del ruiseñor: si vuela, se salva, si no logra volar, estalla.

De su persona emana una impresión continua de padre o abuelo liberal, democrático, abierto en la misma medida que lo pueda ser la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Fluye de usted una seguridad por sus convicciones y una inseguridad hasta por la primera letra de su nombre. ¿A esta altura de la vida necesita solo una oreja receptiva y sensible para sentirse al borde de la gloria? ¿No hay ninguna represión, sexual o de cualquier otra naturaleza? ¿Su estilo transparente es parte de un proyecto o una espontaneidad?

Como diría tío Andresito, no son tantas sus preguntas como lo seguido que las hace. Creo moverme en una espiral tensa: en el sentido de las manecillas del reloj y en el opuesto. Hoy amanecí sin pasado, como suele sucederme, y no calculé ese despertar. Cuando me levanté fui a afeitarme, con el agua corriendo por el fondo nácar del lavamanos. La radio anunció una cifra de víctimas por las inundaciones en la China. Aplaqué la navaja, la cerré. La noticia me indujo al epigrama de referencias asiáticas que le mostré hace unos minutos. La cantidad hechizada no es sino eso: azar de ojos oblicuos, aunque espontáneo. En mis proyectos de vida dejé en libertad la sencillez que reposa en un conocimiento de lo natural. No me las doy de bueno, porque soy ángel y diablo. Pero las víctimas y el filo de la navaja actuaron sobre mi sexo: un encogimiento espontáneo, un acto matinal de contrición y sinceridad. He ahí una muestra de que solo escondo lo que tengo que es esconder. Lo que esconde usted. Lo que escondían Rahotep o Cleopatra, ante el espectáculo desbordado de las arenas y los presentimientos milenarios.

Con respecto a las orejas, las prefiero si es posible al borde de mi gloria. Aclaro: cuando digo gloria, no hablo de la boba seductora de los supuestos elegidos, que entonces no resisten ni un vaso de agua sin que se les vaya a la cabeza. Hablo de la gloria respetable de este tabaco Habano, legítimo de La Habana. Y cierto, la J, que comparto con algunos admirables tocayos, me crea la inestable perplejidad, casi la duda, casi la convicción, de que la pusieron ahí para que un día me jodan de verdad, o sea, con un tajo ventral jamás reparable.

 

 

 

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