Arañas y su exquisita presencia I parte

Coautora: Gabriela Guerra Rey

(Prodigios de la evolución)

No se trata de duendes o de fantasmas. Pero ahora mismo habitan alrededor suyo, en habitaciones, oficinas y gavetas, debajo de los rincones de dormir, detrás de nuestros libros, en los balcones. Y ocurre igual en Cuba que en Beijing, Londres, Bombay o Río de Janeiro. Están dondequiera y son prácticamente invisibles.

De portentos trata esta historia. Seres pequeños y hasta pequeñísimos, exquisitamente sensacionales, que pueblan la tierra desde hace alrededor de 360 millones de años, desde el Silúrico. Algunos se extinguieron ya, pero la fuerza de la estirpe y su capacidad evolutiva soltaron hacia el futuro un turbión de novedosas y sorprendentes especies.

Los primeros de estos seres salieron del agua e incursionaron tierra adentro, mientras su poder adaptativo les permitía cada vez  mayor desarrollo. Hablamos nada más y nada menos que de arácnidos y alguno de sus subgrupos específicos: casi todos pequeños y magníficos tejedores.

Las arañas se ubican como el grupo más evolucionado dentro de los arácnidos. Están formadas de cabeza, tórax, abdomen y patas. En sus extremidades traseras, poseen unos órganos especiales que las hacen incomparables al resto del mundo animal. A través de tales glándulas secretan la pegajosa seda de las telarañas, sustancia que al contacto con el aire se transforma en hilos muy finos y extremadamente resistentes.

Las telarañas o hilos tienen una variedad de uso increíble en  su apartado y variado mundo.  En primer lugar como hilo rastreador o de seguridad, pues gracias a él muchas arañas del suelo encuentran camino de regreso a sus refugios y en algunos casos los sexos de la misma especie se reconocen a través de este filamento deliciosamente impregnado de feromonas.

Las utilizan también como medio de flotación en el aire, como red para cazar o depositar esperma, como material, en el caso de las hembras, para hacer sus ovisacos u ootecas (capullos donde depositan los huevos). Además, para fabricar o tapizar refugios y envolver presas, casi siempre insectos, a los que inmovilizan con el hilo y después matan  con la letal mordedura de sus quelíceros.

Viven en diversas regiones y climas y la duración de la vida es variable según la especie, desde unos meses algunas, hasta unos 30 años otras. Han alcanzado el mayor nivel evolutivo entre los arácnidos, de manera que se encuentran distribuidas en todos los hábitats terrestres posibles. Incluso en altitudes  como el Monte Everest. Solo algunas especies, sin embargo, lograron adaptarse a la vida semiacuática y muy pocas viven permanentemente debajo del agua a pesar de su respiración aérea.

Las arañas constituyen el orden más importante y numeroso en especies dentro de la claseArácnida. Hay conocimiento actual de alrededor de 35 mil especies en el mundo pertenecientes a 3 000 géneros y más de 100 familias. Cifras estas muy por debajo de la realidad que revela la aparición constante de especies inéditas.

Los quelíceros son las estructuras a las cuales desembocan los conductos de glándulas tóxicas, presentes prácticamente en todas las arañas. El veneno en su mayoría es débil y solo utilizable para matar presas o defenderse de depredadores. No obstante, algunas especies virulentas inoculan toxinas dañinas e incluso fatales.

El cortejo prenupcial entre arañas, es un complicado proceso en el que intervienen vista,  tacto e incluso sensaciones vibrátiles y olfatorias. Se da el caso de que el macho encuentra una hembra aún no  madura sexualmente. Entonces construye un nido sobre la guarida de su amada y  espera pacientemente. El estado adulto lo alcanzará luego de unas ocho mudas. El macho generalmente madura antes, pero también fallece primero.

En el acoplamiento los pedipalpos del macho funcionan como órganos copuladores. El macho teje una pequeña red y deposita en ella una gota de esperma vivificadora y mete una y otra vez la punta de los pedipalpos hasta consumir la gota. Después de bien apertrechado, parte en busca del amor.

La aproximación será cuidadosa si no quiere ser devorado por una hembra irritada. Más bien deberá convencerla de sus buenas intenciones. Al final la fecunda introduciendo sus potentes pedipalpos (uno o varios) en la cobertura genital femenina.

Los huevos son depositados en el ovisaco, capullo de seda que la hembra construye laboriosamente. La cápsula posee diferentes formas y texturas, según las especies. Luego la futura madre lo sujeta a algún objeto, lo deposita en el refugio o carga con él en solemne protección por el mundo.

En muchos casos, después de depositar los huevos y ubicar el ovisaco, en plena demostración de maternidad, continúan sus  despreocupadas vidas y se olvidan de la cría. Otras, sin embargo, permanecen cerca del capullo, lo protegen de depredadores, lo calientan al sol y se deshacen en ternuras.

Son por excelencia carnívoras y solo se alimentan de presas vivas, infortunados insectos que colman sus despensas. Se cree que durante el Devónico de la era Paleozoica, 320 millones de años atrás, las arañas no tenían la facultad de secretar e hilar la seda. Pero de igual forma su alimento predilecto eran los insectos, que en esa época carecían de alas.

En el Carbonífero (hace 260 millones de años) aparecieron los primeros insectos alados, mermando eficacia a antiguos los mecanismos de las arañas.

El suceso hizo funcionar las leyes de selección natural y evolución. Algunas especies se extinguieron, pero otras sencillamente se adaptaron, favoreciéndose la elección de aquellas formas secretoras de líquido mediante la cuales construyeron redes que les permitían atrapar al vuelo, por así decirlo, a los flamantes insectos ahora más distantes.

Las arañas son otro eslabón imprescindible de la cadena alimenticia. Además de servir de alimento a algunos animales, controlan infinidades de poblaciones de insectos y una vez más regulan el equilibrio biológico.

Un elemento sustancial dentro del variado mundo animal es la vista. La mayoría de los arácnidos, sin embargo, reciben a través del tacto la información sobre las cosas que tienen significación para sus vidas. En suma, los arácnidos poseen ojos sencillos u ocelos cuya visión es deficiente y posiblemente lo único que logren percibir sean los cambios de intensidad de la luz.

Las arañas, dentro de los arácnidos, son un caso especial por el desarrollo de los ojos en muchas especies. En general su visión es superior a la del resto de ese orden de invertebrados con 8 patas, al punto que distinguen tanto formas como colores.

En su gran mayoría tienen 4 pares de ojos, distribuidos de muy diversas maneras. Otras redujeron su número a 3 pares, Y unas pocas, muy raras, lo han llevado a solo un par. Los ojos adquieren un mayor desarrollo a lo largo del proceso evolutivo. El aumento de tamaño es factor que permitió mejor visión, facilitando la cacería a la luz del día. Algunas incluso cambiaron sus hábitos nocturnos por  diurnos o a la inversa.

Hay arañas que cazan por el día sin tener ojos  desarrollados, pues a pesar de la escasa visión son ojos convexos dispuestos en dos filas de 4 que les permiten distinguir los movimientos en todas direcciones.

Más que animales singulares, las arañas son magníficos seres cargados de vitalidad. Son, sin duda, un prodigio de la evolución. Millones de años y billones de arañas haciendo habitación dentro de las nuestras les confirieron una adaptabilidad categórica al mundo y los ecosistemas actuales.

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