Eduardo Goldman

Los ojos

Usted conoce el motivo de mi desvelo. O si prefiere, mi obsesión. Son los ojos. ¿Los ha observado detenidamente? ¿Ha mensurado su creciente número? Cientos de ojos, miles, una multitud infinita de ojos. Inflamados, inmóviles,

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DESTINO

Ha transcurrido mucho tiempo y sigo obsesionado con esa puerta. No hago más que recordar. El calor húmedo pegoteado en mi frente, el peso de la navaja en el bolsillo de mi pantalón, los minutos

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UN CAMINO SECO Y POLVORIENTO

Fabián Hernández nunca tuvo en claro los motivos de su elección. Ser policía distaba mucho de la carrera de su padre, ingeniero agrónomo, y más aún de la de su madre, que se desempeñaba como

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DE CÓMO ME DIO POR ESCRIBIR “TITANIC CITY”

El título de la novela se me presentó de la nada mientras caminaba distraído por la calle Cerviño. ¿Por qué razón? Sabe Dios. Emergió en una suerte de trayecto inverso al de aquel transatlántico de lujo que se hizo inmortal con su hundimiento.

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El vendedor de agonías 2

Parpadeó en mi memoria lo ya vivido un año atrás, y que ahora evocaba como en un sueño odioso y recurrente. La misma sensación de extrañeza al descubrir el cartel de Agonías, los frasquitos de

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Cuchilladas

ELLA: ¿Qué hiciste, flaco? ¡Lo mataste! EL: ¿A quién? ELLA: ¿Cómo a quién? ¡A ese tipo! ¡El que está tirado al lado tuyo! EL: Ah… ¿Ese? No, no está muerto. ELLA: ¿Cómo que no? A

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Tienda de Agonías

EL VENDEDOR DE AGONÍAS

Es casi una regla general que las cosas no sean como uno previamente las imagina. Incluso, que resulten ser exactamente lo opuesto. Por eso no me sorprendió descubrir que ese extraño negocio anidara muy lejos

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MACABRA NAVIDAD

Tranquilo, comisario. Déjeme explicarle. Este cuerpo corresponde al que fuera uno de mis vecinos más intolerantes. El que más fuerte murmuraba. Eso hacía, antes de que se convirtiera en pollo.

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Amanecer de un día sagrado

“Quiero que fundes un equipo en base a los Forzosos de Almagro, que lo bautices con una marca registrada que deberá recorrer el mundo entero sembrando admiración y goles. ¿Se te ocurre algún nombre?”.

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CENICIENTA

En el apuro por alcanzar la salida, Cenicienta tropezó y rodó por los 57 escalones del palacio, pero como estaba acostumbrada a los golpes de la vida no se hizo nada. Sólo que perdió una de sus botitas. Sin prestar atención a ese detalle, Cenicienta subió rengueando al subte…

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